La isla
Dónde ver la puesta de sol en Lanzarote
En una isla con esta forma, el sol se pone sobre el mar casi en cualquier parte. Los lugares que merecen que organices la tarde a su alrededor, y cómo aprovecharlos al máximo.
21 de mayo de 2026 · 5 min de lectura

Por cómo está orientada Lanzarote, la costa oeste mira al Atlántico abierto sin nada entre ella y el horizonte, y eso significa que el sol se pone sobre el mar desde buena parte de la isla. No hace falta un sitio secreto para pillar una puesta de sol bonita aquí. Pero unos cuantos lugares convierten una tarde agradable en la que de verdad recuerdas, y saber dónde estar, y cuándo, es la diferencia entre disfrutarla y quedarte casi sin ella.
Aquí tienes adónde ir, y cómo hacerlo bien.
Primero, calcula la hora
La hora a la que se pone el sol cambia mucho a lo largo del año, desde alrededor de las seis de la tarde en pleno invierno hasta casi las nueve en lo más alto del verano. Así que lo primero es un vistazo de dos segundos a la hora de la puesta de ese día, porque presentarte a las siete en diciembre significa que la has perdido por una hora.
Después procura estar en tu sitio unos veinte o treinta minutos antes de esa hora. Este es el error que comete casi todo el mundo: llegan cuando el sol toca el horizonte y se van cuando cae. Pero en una tarde despejada el mejor color suele llegar en los diez o quince minutos después de que el sol se haya ido de verdad, cuando todo el cielo se enciende por detrás en rosas y naranjas intensos. Lleva una capa de abrigo, porque en cuanto el sol se pone la temperatura y el viento se hacen notar enseguida, y quédate un poco más de lo que te pide el cuerpo. La recompensa es para quien espera.
Los acantilados del norte
Las alturas del norte de la isla te dan la vista larga y de cine. Desde el Mirador del Río, un mirador tallado en lo alto de los acantilados de Famara, la tierra cae cientos de metros hasta el mar, con la pequeña isla de La Graciosa tendida abajo y todo el cielo del oeste abriéndose ante ti. Es un lugar expuesto y ahí arriba puede hacer viento de verdad, así que abrígate, pero en una tarde despejada hay pocos sitios mejores en la isla para quedarte quieto media hora.
La laguna verde de El Golfo
En la costa oeste, el pequeño pueblo pesquero de El Golfo se asienta junto a una de las estampas más extrañas de la isla: una laguna de un verde intenso, el Charco de los Clicos, recogida en un cráter medio erosionado contra la arena volcánica negra y unos acantilados espectaculares de color rojo pardo, con el Atlántico rompiendo justo detrás. Es uno de los rincones más fotografiados de Lanzarote por buenos motivos, y la luz baja de la tarde hace que los verdes y los rojos se vean aún más ricos y raros. Llega con tiempo suficiente para bajar hasta el mirador y encontrar tu sitio antes de que empiece el espectáculo de luz, y después quédate a cenar: El Golfo es conocido por sus restaurantes de pescado frente al mar, y comer pescado fresco a la brasa mientras el cielo se apaga sobre el agua es una tarde difícil de superar.
Los Hervideros, donde el mar se junta con la lava
Un poco más adelante por la misma costa, Los Hervideros es donde las antiguas coladas de lava se encontraron con el océano y se congelaron en un laberinto de acantilados, arcos y bufaderos. Con marejada grande el Atlántico sube con fuerza por la roca y estalla saliendo de las cuevas, y en la última luz del día toda la costa negra brilla. Combina a la perfección con El Golfo, porque los dos están a minutos, así que mucha gente los enlaza en una sola tarde tranquila a lo largo de la costa oeste.
Las salinas de Janubio
También en este tramo, las Salinas de Janubio son un conjunto de salinas en funcionamiento, un mosaico geométrico de charcas poco profundas que recogen el color del cielo según cae el sol. Es un lugar más tranquilo y menos evidente que los sitios de renombre, lo que forma parte de su encanto, y a los fotógrafos les encantan los reflejos. Si quieres una puesta de sol sin gentío, es una buena apuesta.
Una playa para la última luz
Si prefieres tener arena bajo los pies antes que el aparcamiento de un mirador, las largas playas de la costa norte y oeste son difíciles de superar cuando el día termina. Famara es la grande: una extensión enorme de arena bajo acantilados imponentes, con el oleaje entrando y espacio de sobra para separarte bien de cualquiera. A medida que el sol se pone, la arena mojada se convierte en un espejo y los acantilados se encienden a tu espalda. Es de esas tardes que no necesitan más plan que aparecer y caminar.
Puesta de sol desde la silla
Hay una forma de ver cómo cambia la luz que a casi ningún visitante se le ocurre, y es desde el lomo de un caballo, saliendo con un grupo pequeño según refresca el día. Es pausada y tranquila de una manera que el aparcamiento de un mirador nunca llega a ser. Nuestra ruta de 2 horas sale con el mar y los volcanes a la vista, y una tarde a caballo es una manera preciosa de cerrar el día, con la luz alargándose y volviéndose dorada sobre la tierra. No hace falta experiencia para venir, y si nunca has montado a caballo en tu vida, un paseo tranquilo hacia el atardecer es de las formas más amables de hacerlo por primera vez.
Unas cuantas notas prácticas
- Mira la hora de la puesta de ese día antes de salir. Se mueve casi tres horas a lo largo del año.
- Lleva una capa de abrigo y, si vas a un acantilado, algo que corte el viento.
- Un frontal o la luz del móvil viene bien para el camino de vuelta al coche cuando ya se ha ido la luz, sobre todo en las pistas más malas que llevan a sitios como Papagayo o Janubio.
- Llena el depósito y come algo antes si vas a los sitios más tranquilos, donde apenas hay servicios.
Acabes donde acabes, la regla es siempre la misma: llega pronto, lleva una capa de abrigo y quédate un poco más de lo que tenías previsto. En Lanzarote lo mejor de la puesta de sol casi siempre llega después de que creas que se ha acabado.
Si te apetece



